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viernes, agosto 21, 2009

SIDA ; EL CASTIGO DE ALA

El castigo de Alá contra los adúlteros mauritanos
Maaruf Uld Udaa

Excluidos por una sociedad que teme y evita el contacto con los seropositivos, los enfermos de sida en Mauritania se enfrentan no sólo a los efectos físicos de la enfermedad, sino a la reprobación de quienes ven en su infección un castigo de Alá por haber cometido adulterio.
Existe la creencia entre algunos musulmanes de que además de tener como destino el infierno en el más allá, quienes supuestamente han mantenido relaciones extramatrimoniales son condenados en vida con ese virus, que les genera hasta el destierro por parte de sus familiares.
"Cuando me diagnosticaron el sida, en 2003, sólo una prima acudió en mi ayuda, me alquiló un apartamento y aceptó que comiera con ella y con sus hijos", dice a EFE Mohamed Uld Maulud, miembro del Comité Nacional de Lucha contra el Sida (CNLS).
Casado desde 2008 con otra seropositiva y dedicado a la sensibilización de la gente y al apoyo a los nuevos enfermos, su sueño es ahora "tener un hijo para demostrar que los portadores del VIH pueden llevar la misma vida normal que el resto".
Entre las medidas de prevención en el país, que con una prevalencia de sida del 0,61 por ciento es uno de los menos afectados del continente africano, se encuentra la distribución de preservativos, pero ésta no escapa a los cuestionamientos de los sectores más conservadores.
"Aprobamos la entrega de preservativos solamente a los casados", afirma el secretario general de la agrupación de imanes y ulemas defensores de los derechos de la mujer y de la infancia, El Hacen Uld Mulay Ely.
A su juicio, el reparto "sin límites" de profilácticos entre los jóvenes "fomenta el adulterio, lo que constituye una catástrofe tanto en sentido religioso como sanitario".
En Mauritania, como en el resto de África, las relaciones sexuales sin protección son la principal causa de transmisión, algo que le lleva a sentenciar que "la fidelidad entre esposos y la abstinencia son el mejor método de prevención contra el sida".
Por eso, es importante la educación en un país en el que las mujeres y los jóvenes aparecen en el grupo de personas más vulnerables frente a la enfermedad.
Cifras facilitadas por el Ministerio mauritano de Sanidad en 2007 indican que la tasa de sida en mujeres con múltiples parejas es del 7,64 por ciento, porcentaje que desciende al 3,9 por ciento entre colectivos como el de los reclusos.
Y entre todas las regiones del país, la más tocada por ese mal es la ciudad de Nuadibú, punto de tránsito de los inmigrantes clandestinos subsaharianos en su camino hacia Europa, situado cerca de la frontera con Marruecos, a 470 kilómetros al norte de Nuakchot.
Pero son datos desconocidos por la mayoría de la población, entre la que menos de un 20 por ciento señala tener un conocimiento amplio de la enfermedad, según una encuesta del CNLS, mientras que el resto afirma haber oído solamente hablar del sida.
Se le considere o no castigo de profetas o divinidades, no obstante, en Mauritania el Estado es uno de los pocos africanos que ofrece una cobertura sanitaria total a los enfermos de sida, desde el diagnóstico gratuito hasta la entrega de por vida de medicamentos antiretrovirales.
El CNLS -financiado por el Banco Mundial, el Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria, además de, entre otros, la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID)- contó para 2006-2008 con un presupuesto de seis millones de dólares (unos 4,2 millones de euros).
Y los beneficios de la lucha contra el sida en el país revierten en el descenso de los seropositivos considerados por su familia como parias, y en el aumento de quienes como Maulud, afirman orgullosos: "Hoy llevo una vida como una persona normal, tengo mi pequeña familia, trabajo y me gano el pan honradamente".

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