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sábado, octubre 07, 2006

SIDA... HACE YA 25 AÑOS

El SIDA en la conferencia de Toronto.







Comenzó hace ahora 25 años. Fue una carrera apasionante, trepidante. De pronto había surgido una nueva enfermedad desconocida hasta ese momento, que presentaba unas características muy singulares: afectaba al sistema inmunológico, que es el sistema defensivo del organismo, eliminando la protección ante enfermedades rarísimas que casi nadie adquiere. Con un símil deportivo, algo así como si la entera defensa de un equipo de fútbol -incluido el guardameta- quedara de repente lesionada en mitad del partido: la goleada estaba asegurada. Se le denominó Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida, más conocido por sus siglas: SIDA. En pocos meses alcanzó una resonancia especial, porque inmediatamente se asoció SIDA con muerte, con el morbo de haberse detectado inicialmente en colectivos homosexuales. Había emergido del abismo caliginoso un jinete del Apocalipsis. Se aisló el agente causante: un retrovirus (VIH). Transcurrieron algunos años, y tras un esfuerzo colosal e ingente en medios técnicos, económicos y humanos, gracias a Dios, se lograron los primeros frutos que dieron luz y esperanza: las terapias con antirretrovirales. En 1996 se dio un paso especialmente importante al descubrirse fármacos complementarios a los anteriores que inhibían la entrada a las células y la replicación del virus una vez se había introducido en las células humanas. Este verano se ha celebrado en Toronto la XVI conferencia internacional dedicada al SIDA. De todo lo que se ha expuesto allí, se deduce que estamos en vía muerta. Se ha cronificado la enfermedad a un alto coste para los enfermos en su calidad de vida y, en menor medida, para la sociedad, en recursos económicos. En el mundo desarrollado nos encontramos en una situación precaria, pero estabilizada. Sin embargo, en el tercer mundo, especialmente en África, la situación es sencillamente dramática. No quiero abrumar con datos y cifras colegibles para cualquiera que desee mirarlos, pero son dantescos. Me interesa destacar que en Toronto se ha vuelto a insistir en la necesidad de la prevención y se ha instado a los gobiernos y ONGs a tomar las medidas oportunas. Sin embargo, no resulta sencillo hacerlo teniendo en cuenta la transmisión del VIH. Además, se trata de una cuestión espinosa de especial sensibilidad, donde se produce un desacuerdo notable de tipo ideológico. Como se sabe, el virus del SIDA se transmite por vía parenteral (uso compartido de jeringuillas, por ejemplo) y por vía sexual. Esta última vía de transmisión es especialmente delicada, por cuanto afecta a la esfera de la conducta de las personas y, en consecuencia, a su libertad. Es un campo abonado para la manipulación. En 2001 la propia OMS destacó la importancia de enviar a la población mensajes veraces y efectivos: abstención, fidelidad, condón. Y por este orden. Abstención de relaciones sexuales promiscuas, fidelidad con una pareja sana, y si no se quiere, entonces utilización de profilácticos en las relaciones sexuales. Como es natural, los poderes públicos han de abstenerse de hacer valoraciones morales, a favor o en contra; y facilitar la información adecuada y fidedigna. Información que no puede ser igual para todos, porque no es lo mismo una población de alto riesgo, por ejemplo prostitutas, que un colectivo escolar, al que hay que disuadir, lógicamente, de comportamientos irresponsables y a los que no conviene tratar como si fueran unos melones, incapaces de pilotar su propia vida: estoy seguro de que agradecerán ese respeto a su dignidad. Los países que han hecho caso a estas tres recomendaciones, afortunadamente el SIDA comienza a ser historia y no una pesadilla (Uganda). En donde se continúa incidiendo en más de lo mismo, de promiscuidad a tutti plen, eso sí, con uso del preservativo, los resultados son pírricos y la debacle que se les avecina es de órdago (Sudáfrica, Zimbawe, Botswana, etc.). En este tiempo, hemos aprendido, no sé si todos, que a la fuerza ahorcan. No es que te quiten puntos, es que puedes dejarte la vida en el intento. Cada cual es libre, ciertamente, pero también responsable de sus acciones; y no cabe la inhibición: toda elección es toma de postura en un sentido o en otro. Conviene ciertamente desideologizar la cuestión: lo que la ideología anuncia no tiene nada que ver con la realidad, porque es siempre una promesa falsa: ser bueno -y feliz- sin esfuerzo. El poder ideológico no puede cambiar la realidad de las cosas, pero trata siempre de dominar las conciencias, aprovechándose de la estupidez humana. En Archipiélago GULAG, Soljenistsin describe un punto fundamental de la existencia del hombre y de toda sociedad: «la línea divisoria del bien y del mal pasa por el corazón de cada ser humano». Esto es antiideológico, porque no clasifica a las personas por su color, raza, adscripción política, situación en la vida, estatus social, salud, inteligencia, etc. Un último aspecto que me gustaría comentar: la famosa vacuna contra el SIDA. Ya se dijo a comienzo de la década de los 90 que la vacuna sería cuestión de 10 años. Han pasado de sobra y velozmente, y en Toronto nos han vuelto a decir lo mismo -al menos 10 años más-, en una reedición del vuelva usted mañana, porque los hombres no siempre podemos hacer lo que desearíamos hacer: que desaparecieran como por ensalmo la injusticia, la enfermedad y, por qué no decirlo, la estulticia humana. Mientras tanto, en nuestras manos está la clave: vivir una libertad responsable, porque no todo lo que se me antoja me hace bueno; sino que lo que me hace bueno, se me antoje: es lo correcto, lo sensato.

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